La conducta “no sé” en pacientes con problemas de memoria es una respuesta frecuente y, a menudo, malinterpretada en el ámbito clínico. Comprender su origen cognitivo y emocional resulta clave para mejorar la evaluación, el acompañamiento y la comunicación con estas personas.
Conducta “no sé” en pacientes con problemas de memoria
José Ignacio Quemada analiza la conducta de respuesta “no sé” que presentan algunos pacientes con problemas de memoria. El autor plantea que estas personas tienen serias dificultades para saber lo que saben y lo que no saben, un proceso relacionado con el funcionamiento de la memoria a largo plazo.
En este artículo, el doctor Quemada sugiere que, en determinadas situaciones, el proceso de “saber lo que se sabe” tiene una base emocional y se aproxima al concepto de familiaridad. Por ello, la reducción de las emociones asociada a los trastornos de memoria podría favorecer la aparición de la conducta “no sé”.
Por José Ignacio Quemada
Médico especialista en Psiquiatría, responsable de la Red Menni de Daño Cerebral.
Las personas que trabajan con pacientes con problemas cognitivos y de conducta tras un daño cerebral viven una situación de gran interés humano y científico. Los pacientes relatan experiencias, muestran conductas poco habituales y sus familiares describen cambios relevantes. Todo ello permite identificar patrones y comprender mejor el origen de determinadas conductas.
Desde esta perspectiva clínica, la conducta “no sé” en pacientes con problemas de memoria no debe interpretarse como falta de colaboración. Más bien refleja una alteración en la capacidad para reconocer qué se sabe y qué no se sabe.
A este trabajo de observación y análisis se le denomina dentro del equipo terapéutico “microanálisis de la conducta”. Este enfoque resulta útil tanto para comprender al paciente concreto como para conocer mejor el funcionamiento normal del cerebro.
La conducta “no sé” en los problemas de memoria
Uno de los patrones más repetidos es el del paciente con problemas de memoria cuya respuesta habitual es “no sé”. Aunque esta conducta puede resultar frustrante en una primera entrevista, su estudio aporta información valiosa sobre la conciencia del conocimiento.
Estos pacientes responden “no sé” ante preguntas sobre experiencias recientes, su salud o su estado de ánimo. Sin embargo, cuando se utilizan técnicas de reconocimiento o elección entre varias opciones, suelen acertar con frecuencia. Lo relevante no es tanto el fallo al recordar, sino la repetición constante de la respuesta “no sé”.
Cuatro estados mentales y memoria
En la vida diaria, cuando se nos pregunta algo, pueden darse al menos cuatro situaciones: saber que no lo sabemos; saber que lo sabemos y responder; saber que lo sabemos pero no poder acceder al dato (“punta de la lengua”); o tener dudas sobre si lo sabemos. En personas sin lesión cerebral, este último estado es poco frecuente.
Dicho de forma sencilla, el problema no siempre está en la memoria, sino en saber si se recuerda o no.
Para diferenciar estos estados resulta clave la conciencia de conocimiento, también llamada metamemoria (capacidad para saber lo que recordamos). En los pacientes que presentan la conducta “no sé”, esta capacidad aparece alterada.
Descartadas explicaciones como la falta de colaboración, la hipótesis más coherente es que el paciente tiene una verdadera dificultad para reconocer qué sabe y qué no sabe. Cuando responde “no sé”, suele hacerlo con sinceridad, aunque con poca precisión.
Las etiquetas de la memoria
Cada recuerdo no solo se almacena en la memoria, sino que cuenta con “etiquetas” que lo hacen accesible a la conciencia: saber si lo conocemos, cuándo ocurrió o en qué contexto. En los pacientes con conducta “no sé”, la etiqueta “lo sé / no lo sé” parece estar deteriorada o ausente.
Por el contrario, existen pacientes con confabulación que muestran una falsa sensación de certeza ante información incorrecta. Ambos perfiles reflejan alteraciones importantes en la conciencia de los propios conocimientos.
Memoria implícita y memoria explícita
Los modelos actuales distinguen distintos sistemas de memoria: memoria sensorial, memoria de trabajo y memoria a largo plazo. Dentro de esta última se diferencian la memoria episódica (recuerdos de experiencias), la memoria semántica (conocimientos) y la memoria implícita y explícita.
Estos modelos no suelen incluir de forma directa la capacidad de reconocer qué conocimientos poseemos. Sin embargo, la observación clínica muestra que esta función es esencial para comprender la conducta “no sé”.
En algunos reconocimientos importantes, como identificar a un familiar o un lugar conocido, la confirmación no es solo cognitiva, sino también emocional. Esto refuerza la relación entre problemas de memoria, reducción emocional y conducta “no sé”.
Estas cuestiones quedan abiertas a futuras investigaciones y al debate dentro del ámbito de la neuropsicología y la psiquiatría.
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Lo importante para mí es el hecho de que cuando enfrentamos a este tipo de personas, nos desesperamos con ellas por ignorar este tipo de procesos de deterioro cerebral, sobre todo cuando nos enfrentamos a un familiar. En este tipo de situaciones hay mucho que estudiar, observar, discriminar y sobre todo no enjuciar sin fundamentos.