Tiempo estimado de lectura: 9 minutos

Hay anuncios que solo intentan vender un producto. Muestran una marca, enseñan unas prestaciones, repiten una promesa y desaparecen. Pero hay otros que consiguen algo más difícil: quedarse dentro. No porque griten más, sino porque entienden que detrás de una marca también hay historia, trabajo y personas.
Eso ocurre con el anuncio de EBRO protagonizado por Francisco. La pieza no se limita a presentar un coche. Tampoco se apoya únicamente en tecnología, potencia, pantallas o diseño. Su fuerza está en otro lugar: en la memoria de quien mira un vehículo y puede decir, con una mezcla de orgullo y emoción, “ese coche lo he hecho yo”.








