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Deja de luchar: otra forma de mirar la enfermedad

Probablemente estés pensando que luchar es un gran verbo, que está muy bien visto y que implica una actitud que goza de muy buena reputación. Que son muchos los que al escucharlo lo hacen sinónimo de coraje y valentía. «Luchó contra su enfermedad hasta el último de sus días», oímos decir con frecuencia de personas que han fallecido tras un largo proceso, queriendo con ello resaltar que nunca perdieron el ánimo durante el tiempo que convivieron con su dolencia.
Deja de luchar: otra forma de mirar la enfermedad
Sé que nuestra sociedad se sirve también del término «espíritu de lucha» para mencionar esa cualidad inherente a todos los seres humanos que nos permite, ante los variados obstáculos que nos plantea la vida, conectarnos con esa fuerza interior que nos impulsa a solventarlos y seguir avanzando hacia nuestros sueños.
Pues bien, yo te invito hoy a decir sí a cuidar y mantener tu ánimo cada uno de tus días y, por supuesto, a descubrir y potenciar toda esa fuerza interior que habita en ti. Te invito a ello y a mucho más, así como también te propongo que lo hagas desde la aceptación en lugar de desde la lucha.
Tienes por delante, yo bien lo sé, un intenso viaje en el que tu padre ha decidido embarcarte al igual que la vida le embarcó a él, sin pedir permiso. Este viaje habrá de llevarte años y requerirá de ti, además de toda tu atención, una buena y prolongada dosis de energía. Así que ¿por qué malgastarla en luchar, en poner resistencia a algo que me temo que no podrá ser cambiado?
Bien sabes Susana —tú siempre has sido muy práctica— que aquellos episodios de tu vida en los que te resististe a lo que no estaba en tu mano cambiar, empeñándote en que algo dejara de ser como era, nunca tuvieron un final feliz, y saliste de ellos, además de muy cansada, con una buena dosis de frustración. Pues luchar cansa, pelear nos debilita y resistirnos a lo que no podemos cambiar resulta tan poco práctico como quedarnos esperando a que nos dé peras un limonero.
No escuches a los que te digan que dejar de luchar es sinónimo de rendirse y no hacer nada, no creas a los que te digan que soltar las armas es de cobardes. No permitas que nadie te diga tampoco que tus opciones son limitadas. Pues estas son infinitas.
Deja de luchar y ábrete al alzhéimer: aceptar no es rendirse
Lo que yo te propongo es que te abras. Que seas valiente, extiendas tus brazos y abraces tu vida. Esa que es solo tuya, de nadie más, y que al hacerlo des la bienvenida también al sinfín de aventuras que ante ti van a desplegarse, siendo por supuesto el alzhéimer una entre tantas de ellas.
Lo que te sugiero es que entierres la resistencia y la rigidez, que juntas conforman el deseo de querer controlar las cosas, para que puedas sacar a la luz tu flexibilidad y con ella tu capacidad para adaptarte y danzar al movimiento de lo que venga.
Ábrete, no luches. Sé valiente y deja las armas. Y entonces yo te prometo que serán infinitos los regalos que al hacerlo recibas, así como los que tú harás sin darte cuenta a los que contigo viajan, empezando por Facundo.
Así que ten coraje y mira a la enfermedad a la cara. No para rechazarla, sino para escucharla. Permítele que te diga qué vino a enseñarte..
Ábrete a aprender
Cuando por fin dejes de resistirte, de mirar al alzhéimer con rabia, y aceptes que si la vida te lo ha puesto delante tal vez algún propósito para ello haya, la enfermedad dejará de ser tu peor enemigo para convertirse en tan solo una circunstancia.
Una circunstancia muy especial de tu vida, es verdad, con la que sin duda habrás de aprender a convivir pero que, una vez lo hagas, te irá guiando por caminos que de no ser por ella jamás habrías escogido.
Músculos como el de la paciencia y la atención, la creatividad y la ternura. Y, sin duda, desarrollarás aún más otros que ya antes utilizabas, como la empatía y la flexibilidad, la curiosidad y la escucha.
Son infinitas las lecciones que durante los próximos años vas a aprender.
Ábrete a sentir
Cuando por fin dejes de resistirte y ceses de mirar al alzhéimer con las lentes de tu razón, tu corazón comenzará a abrirse.
Abrirte a sentir significa abrirte a escuchar, a mirar y a hablar desde el corazón.
Abrirte a sentir es el secreto que te hará más fuerte, pues llegará un día en el que ya no le tendrás miedo a ninguna emoción.
Ábrete a sentir Susana, no tengas miedo.
Ábrete a experimentar
Cuando por fin dejes de resistirte y lo acojas como a un compañero, estarás invitando también a la alegría a compartir contigo tu trayecto.
Susana, estás arrancando un largo viaje. Pero si en vez de recorrerlo con los pasos de la desconfianza eliges hacer de ello una aventura, el camino se tornará generoso y te ofrecerá maravillosas sorpresas.
Así que ábrete a reír. No te tomes al alzhéimer demasiado en serio.
Así que ábrete sin miedo y experimenta. Suelta el temor a equivocarte y celebra cada tropiezo.
No luches, ábrete al alzhéimer. Aprende, ríe, experimenta y siente, pues no es otro el propósito de tu existencia. Déjate fluir con la vida, Susana.
Susana García Pinto
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Muy buena inspiración 💜
Sí que es buena, sí : )