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Dormir bien es posible, también en la vejez. Aunque muchas personas creen que dormir mal forma parte del envejecimiento, los especialistas insisten en que no siempre es así. De hecho, un descanso adecuado sigue siendo fundamental para la salud cerebral, la memoria y la calidad de vida.
En los últimos años, distintas investigaciones han reforzado la relación entre la falta de sueño, la pérdida de memoria y el deterioro del cerebro a medida que envejecemos. Por eso, hablar de sueño no es solo hablar de descanso, sino también de prevención y bienestar.
Dormir bien es posible a cualquier edad
La doctora Canet rechazó la idea de que la ancianidad y los problemas de sueño vayan siempre unidos. Según explicó, dormir bien es posible a cualquier edad y resulta de vital importancia para la salud en general.
Por ello, insistió en que el insomnio es relativamente raro en una persona mayor sana y que, en muchos casos, aparece asociado a comorbilidades o al uso de determinados fármacos.
Además, señaló que varios estudios no han encontrado evidencia sistemática de que antihistamínicos, antidepresivos, antipsicóticos o tratamientos anticonvulsionantes sean eficaces contra el insomnio. Incluso advirtió de que, en muchas ocasiones, los riesgos superan a los beneficios.
En este sentido, explicó que la terapia busca hoy reeducar al paciente. Aunque en algunos casos puedan utilizarse fármacos de forma transitoria, el objetivo principal es favorecer un sueño más natural y estable.
Sueño, memoria y calidad de vida
La falta de sueño o un sueño de mala calidad no solo provoca cansancio. También puede reducir la calidad de vida, aumentar los síntomas de ansiedad y depresión, enlentecer los tiempos de reacción y empeorar la memoria.
Además, dormir mal se ha relacionado con un mayor riesgo de hipertensión arterial, diabetes, obesidad y enfermedades cardiovasculares. Por tanto, el sueño influye en mucho más de lo que parece a simple vista.
La doctora Canet destacó especialmente la importancia de un estudio de la Universidad de California en Berkeley, publicado en enero, porque reforzó la conexión entre la falta de sueño, la pérdida de memoria y el deterioro del cerebro a medida que envejecemos. Este avance abrió nuevas vías para tratamientos dirigidos no solo a mejorar el sueño profundo en personas mayores, sino también a proteger la memoria.
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Los trastornos del sueño en edades avanzadas
El doctor Hernando Pérez, desde la neurología, se centró en varios trastornos del sueño primarios: el síndrome de apnea del sueño, el síndrome de piernas inquietas, el insomnio y los trastornos de la conducta durante el sueño REM.
Situó en torno al 15% la prevalencia del síndrome de piernas inquietas, aunque advirtió de que existe cierta controversia sobre algunas de sus consecuencias. También recordó que varias enfermedades neurológicas, especialmente las neurodegenerativas y las cerebrovasculares, pueden producir alteraciones del sueño, sobre todo en edades avanzadas.
Sueño REM, Parkinson y demencias
Entre un 42% y un 98% de las personas con enfermedad de Parkinson pueden presentar trastornos del sueño, una cifra que aumenta a medida que avanza la enfermedad. Además, la somnolencia diurna, que antes se consideraba menos frecuente, podría afectar a un porcentaje importante de estos pacientes.
También pueden aparecer ataques de sueño y trastornos de la conducta durante el sueño REM, más frecuentes en hombres. Según explicó el doctor Hernando Pérez, prácticamente todos los pacientes con trastorno de conducta durante el sueño REM acabarán desarrollando enfermedad de Parkinson en los años siguientes, lo que permite anticipar el diagnóstico con bastante antelación.
Otro dato relevante es que los trastornos del sueño podrían actuar como un marcador precoz del Alzheimer, aunque todavía se trata de estudios iniciales. Aun así, recordó que estos trastornos están presentes con frecuencia en las fases avanzadas de la demencia y que alrededor de un 25% de estos pacientes presenta noches de insomnio.
También señaló la falta de sueño en el contexto de una demencia vascular o una demencia con cuerpos de Lewy.
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El efecto pernicioso de los somníferos
El doctor Nicolás González abordó el síndrome de apneas e hipoapneas del sueño (SAHS), que afecta a entre un 2% y un 4% de la población de mediana edad, aunque su frecuencia puede aumentar hasta el 20% en la población anciana.
En estos casos, recomendó el tratamiento con CPAP para el ronquido y las apneas del sueño, ya que ha demostrado su eficacia, especialmente cuando aparecen efectos secundarios o un riesgo cardiovascular importante.
Por otro lado, los expertos coincidieron en advertir sobre los efectos perjudiciales del abuso de somníferos en personas mayores. Entre ellos citaron el deterioro del rendimiento cognitivo, los estados confusionales, un mayor riesgo de caídas por su efecto relajante muscular, el empeoramiento de las apneas y la facilitación del reflujo gastroesofágico.
Por eso, recomendaron revisar de forma periódica a los pacientes medicados con hipnosedantes. Como dato adicional, señalaron que en España se consumen más hipnóticos en el norte que en el sur, y que las mujeres los usan aproximadamente el doble que los hombres.
Entidades médicas y referencias relacionadas
La información fue presentada con motivo del Día Mundial del Sueño por la Sociedad Española de Sueño, en colaboración con la Sociedad Española de Neurología y la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica.
Fuente: actasanitaria.com
Descargar PDF: Dormir Bien (Programa para la mejora del sueño)

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