Mente sana y cuerpo sano: la obesidad y ciertos factores metabólicos están vinculados a una aceleración del deterioro cognitivo.
Además de sus efectos sobre la salud física, cada vez hay más evidencia de que el exceso de peso también puede afectar al cerebro. En este contexto, cobra sentido una idea clásica que sigue plenamente vigente: mente sana y cuerpo sano.
Por eso, hablar de mente sana y cuerpo sano implica entender que el equilibrio entre el cuerpo y el cerebro es fundamental para la salud a largo plazo.
Relación entre obesidad y función cognitiva
Las personas con obesidad, especialmente cuando presentan otros factores de riesgo como hipertensión o alteraciones metabólicas, pueden experimentar un deterioro más rápido de sus capacidades cognitivas. Así lo señala un estudio publicado en la revista científica Neurology, de la Academia Americana de Neurología.
En este estudio participaron 6.401 personas con una edad media de 50 años. Se analizaron el índice de masa corporal (IMC), los factores de riesgo metabólicos y el rendimiento cognitivo a lo largo de 10 años.
Durante el seguimiento, los participantes realizaron pruebas de memoria y otras funciones cognitivas en varias ocasiones. Los resultados mostraron que las personas con obesidad y alteraciones metabólicas presentaban un declive cognitivo más rápido que aquellas con peso normal.
Incluso los individuos con obesidad sin alteraciones metabólicas evidentes mostraron un mayor deterioro, lo que cuestiona el concepto de “obesidad metabólicamente saludable”.
Esto refuerza la idea de que el equilibrio entre el cuerpo y la mente es esencial para conservar la salud cerebral con el paso del tiempo.
Factores metabólicos que influyen en el cerebro
Se considera que existe alteración metabólica cuando aparecen dos o más de los siguientes factores:
- Hipertensión arterial o tratamiento para controlarla
- Niveles bajos de colesterol HDL (colesterol “bueno”)
- Glucosa elevada o diabetes
- Triglicéridos altos
Estos factores no solo afectan al sistema cardiovascular. Además, también pueden influir en la estructura y el funcionamiento del cerebro.
Mente sana y cuerpo sano: una base para la prevención
En este sentido, el concepto de mente sana y cuerpo sano no es solo una expresión clásica. Hoy sabemos que refleja una realidad científica: cuidar el cuerpo también protege el cerebro.
Por tanto, adoptar hábitos saludables puede ayudar a reducir el riesgo de deterioro cognitivo. Entre ellos destacan la actividad física regular, una alimentación equilibrada y el control de los factores metabólicos.
En definitiva, mantener una mente sana y cuerpo sano no depende de un solo factor, sino de pequeños hábitos sostenidos en el tiempo.
En otras palabras, cuidar el bienestar físico y mental de forma conjunta puede marcar la diferencia en la prevención del deterioro cognitivo.
Además, puedes ampliar información en nuestro artículo sobre obesidad y deterioro cognitivo.
También puede interesarte conocer la relación entre salud cardiovascular y Alzheimer.
Como referencia externa, puedes consultar el estudio original en Neurology.
Fuente: Adaptado de Europa Press y literatura científica en neurología.
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