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Ferrocarril minero de Melilla en 1909: fotos del cuaderno 10

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El 9 de julio de 1909, el ataque a un grupo de trabajadores del ferrocarril minero, cerca de Melilla, precipitó una campaña militar cuyas causas venían de atrás. Las compañías mineras pretendían conectar los yacimientos del Rif con el puerto, pero las vías avanzaban en una región marcada por conflictos políticos, disputas sobre las concesiones y oposición a la creciente intervención extranjera. El ferrocarril minero de Melilla en 1909 quedó así ligado a una historia de intereses económicos, resistencia rifeña y guerra.

Composición del cuaderno 10 con una fotografía de una máquina del ferrocarril minero sobre las vías en 1909, junto a tiendas y edificios.
Composición editorial con la fotografía «Máquina del ferrocarril minero en cuya construcción se trabaja activamente», publicada en el cuaderno nº 10 (1909).

El décimo cuaderno de El Álbum de la Guerra de Melilla conserva fotografías de las vías, los vagones y las obras portuarias que estaban transformando aquel paisaje.

El último fascículo completa una colección que había seguido la campaña a través de fortines, campamentos, columnas militares y calles de Melilla. Entre esas escenas también asoman los civiles: familias en movimiento, trabajadores y habitantes de un territorio sacudido por los combates. La Sociedad Editorial de España editó el álbum, registrado también por una ficha bibliográfica con la referencia «Tipografía El Liberal, Madrid, 1909». La colección se distribuyó en diez entregas que anunciaban 25 fotografías cada una, al precio de 25 céntimos. Las imágenes del cuaderno 10 cierran ese recorrido con una cuestión decisiva para entender lo ocurrido: el papel del ferrocarril en la expansión minera y en las operaciones de 1909. Al final del artículo puedes consultar y descargar gratuitamente su reproducción digital de 30 páginas.

Melilla antes de la campaña: una ciudad, un puerto y las minas del Rif

Al comenzar 1909, Melilla era una plaza fronteriza que crecía alrededor del comercio, la actividad portuaria y las comunicaciones con el territorio vecino. Según el estudio histórico de Juan Díez Sánchez, la ciudad contaba entonces con unos 12.000 habitantes civiles. El puerto se encontraba en plena transformación mientras las compañías mineras proyectaban llevar hasta él los minerales extraídos de los montes cercanos a Nador. El ferrocarril debía unir las explotaciones del Rif con los barcos que trasladarían su producción a otros mercados.

Pero las concesiones mineras se habían negociado en una región cuya situación política era inestable. Bu Hamara, conocido también como el Rogui, había ejercido su autoridad sobre parte del Rif oriental y negociado derechos de explotación con intereses europeos. Su pérdida de poder dejó abiertas disputas sobre aquellas concesiones y sobre el alcance de la presencia extranjera. Las cabilas rifeñas no compartían una única posición: sus relaciones con las autoridades marroquíes, las empresas y el Ejército español eran diversas. Las vías se construían, por tanto, en un territorio habitado, con autoridades e intereses propios, no sobre un espacio disponible sin oposición.

Había, además, dos proyectos ferroviarios distintos. La Compañía del Norte Africano comenzó el tendido de su línea de vía estrecha, de 60 centímetros, en 1907; la Compañía Española de Minas del Rif inició en 1908 las obras de la suya, con un ancho de un metro. Ambas aspiraban a transportar mineral, pero competían por el acceso a los yacimientos. Durante la campaña se utilizó especialmente el ferrocarril del Norte Africano para trasladar soldados y abastecimientos y evacuar heridos. Así, una infraestructura concebida para la minería pasó a desempeñar también una función militar.

9 de julio de 1909: el ataque a los trabajadores del ferrocarril

El 9 de julio de 1909, un capataz y trece trabajadores españoles fueron atacados cuando comenzaban las obras de un puente ferroviario sobre el barranco de Sidi Musa. La documentación del Centro de Historia y Cultura Militar de Melilla cifra en cuatro los fallecidos, aunque otras investigaciones históricas elevan el número a seis. El episodio precipitó la respuesta militar española, pero no explica por sí solo la campaña: las concesiones mineras, la disputa entre intereses empresariales y la resistencia de sectores rifeños a la expansión extranjera habían agravado las tensiones durante los meses anteriores.

El general José Marina, comandante general de Melilla, dirigió las operaciones españolas. Los enfrentamientos de julio culminaron en uno de los episodios más recordados de la campaña: el combate del Barranco del Lobo, el 27 de julio de 1909, que causó numerosas bajas españolas. La movilización de reservistas para combatir en Marruecos agravó también el descontento en la Península y estuvo entre los factores que desencadenaron la Semana Trágica de Barcelona. Aquella guerra, iniciada en el entorno de unas obras ferroviarias, tuvo repercusiones muy lejos de Melilla.

En el Rif, sus consecuencias alcanzaron igualmente a quienes no combatían. Los movimientos de tropas y la disputa por las posiciones alteraron los caminos, el comercio y la vida de las comunidades próximas. En los cuadernos aparecen rastros de esa realidad: un campamento improvisado, familias desplazándose, heridos atendidos lejos del frente o soldados ocupados en transportar suministros. Son fragmentos de una experiencia más amplia que las fotografías no podían recoger por completo.

De los combates de julio a los avances del otoño

Después de los combates de julio, Melilla recibió refuerzos y se convirtió en el centro de una movilización de grandes dimensiones. Las unidades necesitaban alimentos, municiones, asistencia sanitaria y medios para trasladarse entre los campamentos y las posiciones avanzadas. El tren tuvo un papel concreto en esa logística: los ferrocarriles mineros, y especialmente el del Norte Africano, permitieron mover soldados y material y facilitaron la evacuación de heridos. No eran solo las vías del futuro comercio del hierro; también formaban parte del funcionamiento cotidiano de la campaña.

En septiembre se reanudaron las operaciones de mayor alcance, con acciones en el entorno de la península de Tres Forcas y nuevos avances en el Rif oriental. La cronología recogida por Juan Díez Sánchez sitúa la ocupación española de Nador el 25 de septiembre y la de Zeluán el 27. Los mismos nombres que hoy identifican poblaciones con una larga historia propia aparecen en las fotografías de 1909 como lugares de paso, campamento y combate.

El Álbum de la Guerra de Melilla no ordenaba todos esos sucesos como una crónica diaria. Sus diez entregas combinaban escenas de distintos momentos, elegidas por los fotógrafos y los editores de una publicación española de la época. Por eso el interés de la colección no depende únicamente de las batallas: también permite seguir cómo el paisaje, las comunicaciones y la propia ciudad cambiaron durante aquellos meses.

Lo que revela el cuaderno 10: el tren, los vagones y Bocana

Una locomotora junto a una línea todavía en obras

Una de las fotografías del décimo cuaderno lleva un pie revelador: «Máquina del ferrocarril minero en cuya construcción se trabaja activamente». La propia publicación sitúa la imagen en el tiempo de las obras. No presenta una línea terminada, sino trabajos ferroviarios en curso en una región atravesada por el conflicto.

La fotografía ilustra la expansión del ferrocarril minero, pero su pie no identifica a qué compañía pertenecía la máquina. Esa distinción importa: durante la campaña fue sobre todo la línea del Norte Africano la que transportó tropas y suministros y permitió evacuar heridos. Según Juan Díez Sánchez, algunos convoyes quedaron expuestos a disparos desde los barrancos del Gurugú. Las vías, los talleres y las estaciones formaron parte de una red logística que condicionó las operaciones militares.

Los vagones de Bocana: el trabajo detrás del ferrocarril

Otra fotografía lleva por título «Fuerzas ocupadas en el arrastre de vagones de la Compañía Minera Española, en el muelle de Bocana». Allí el ferrocarril aparece ligado al esfuerzo de quienes movían el material junto al puerto. La escena habla del trabajo que sostenía las obras y del valor que tenían los vagones y las vías en unos meses en los que transportar hombres y suministros podía ser tan importante como ocupar una posición.

Ese muelle no debe confundirse con el gran cargadero de mineral que se convertiría después en uno de los símbolos industriales de Melilla. La construcción de aquella instalación corresponde a otra etapa: las obras comenzaron hacia 1920-1921 y concluyeron en 1925. Hubo cargas de prueba antes de su entrada oficial en servicio, que se produjo en 1926. Las fotografías del álbum pertenecen a un momento anterior, cuando el puerto y las conexiones mineras todavía estaban tomando forma.

Las obras del canal de Bocana: transformar la costa

Las obras del canal de Bocana aparecen asimismo en el décimo cuaderno. El pie de la imagen señala una máquina excavadora al fondo. Junto a las fotografías del tren y los vagones, esta escena permite contemplar la magnitud de los trabajos emprendidos en torno a Melilla: se tendían vías, se modificaban accesos y se intervenía en la costa mientras continuaban las operaciones militares.

Las tres escenas ayudan a comprender la relación entre la actividad minera y la campaña de 1909. Las compañías buscaban facilitar la salida del mineral del Rif, mientras la construcción y la protección de las líneas férreas se convertían en asuntos militares. El paisaje que registró la cámara no estaba cambiando solo por la llegada de nuevas máquinas: cambiaba también por la disputa sobre quién podía explotar el territorio y controlar sus comunicaciones.

Los nueve primeros cuadernos: las otras piezas de la historia

Los nueve cuadernos anteriores ofrecen otras piezas de esa historia. No siguen una cronología rigurosa, pero juntos permiten recorrer la ciudad, las posiciones militares, los caminos del Rif y algunos aspectos de la vida cotidiana durante la campaña. Estas son las escenas principales que recoge cada entrega publicada en Alzheimer Universal:

  • Cuaderno nº 1. La ciudad antes y durante la movilización: muelles, transportes, preparativos militares y vistas del entorno.
  • Cuaderno nº 2. La Restinga, los fortines, la caballería y los desplazamientos de familias en medio de la campaña.
  • Cuaderno nº 3. Los paisajes de Tardixt y el Gurugú, el campamento de Triana, los hornos de campaña y referencias al Barranco del Lobo.
  • Cuaderno nº 4. Los huertos de Nador, las balsas de Mar Chica y el abastecimiento de las posiciones.
  • Cuaderno nº 5. La alcazaba de Zeluán, las trincheras de Nador y los trabajos que acompañaron el avance de las tropas.
  • Cuaderno nº 6. Columnas de cazadores, soldados en marcha y el esfuerzo diario de los desplazamientos militares.
  • Cuaderno nº 7. Hindum, el Gurugú, los campamentos, el cementerio y las imágenes que recuerdan el coste humano de la guerra.
  • Cuaderno nº 8. Artillería y fortificaciones, pero también mujeres, familias rifeñas, periodistas y asistencia a los heridos.
  • Cuaderno nº 9. La Melilla urbana: calles, murallas, cuarteles, el zoco y las comunicaciones de una ciudad en transformación.

Vistos en conjunto, los diez cuadernos ofrecen una historia que va más allá del campo de batalla. El puerto recibía hombres y mercancías; los campamentos crecían alrededor de Melilla; las comunicaciones se abrían paso por un territorio disputado, mientras la población civil afrontaba las consecuencias de la guerra. En las imágenes se advierte también la mirada de una prensa que mostraba determinados acontecimientos y dejaba otros en segundo plano.

La mirada de la prensa de 1909: qué muestran las fotografías

Las fotografías reunidas en El Álbum de la Guerra de Melilla son testimonios valiosos, pero su selección y sus pies responden a la perspectiva de una publicación española de 1909. Abundan los mandos, las tropas, las fortificaciones y los avances militares; las experiencias de las comunidades rifeñas y las consecuencias de la campaña sobre sus habitantes aparecen con mucha menos amplitud. Esa diferencia forma parte de la historia del álbum y de la manera en que se contó la guerra al público de la época.

La campaña de 1909 pertenece, además, a un momento anterior al establecimiento del Protectorado español en Marruecos en 1912 y al Desastre de Annual de 1921. Fueron episodios distintos, aunque vinculados por la continuidad de la presencia colonial española en el Rif. Situar cada uno en su fecha permite comprender la evolución posterior de la región sin atribuir a las fotografías de 1909 acontecimientos que todavía no habían ocurrido.

El décimo cuaderno devuelve la mirada a las vías ferroviarias, cuya construcción había sido uno de los escenarios del comienzo de la campaña. Más de un siglo después, aquellas fotografías permiten reconocer un ferrocarril todavía en construcción y recordar que detrás de sus raíles había decisiones económicas, enfrentamientos políticos y vidas afectadas por la guerra.

Consultar y descargar el cuaderno 10 en PDF

El artículo puede leerse completo sin abrir ningún archivo. Si quieres examinar las fotografías y los pies impresos del cuaderno 10, pulsa «Abrir PDF». El documento se cargará aquí, dentro de la misma página, únicamente cuando lo solicites. Después podrás cerrar el visor o utilizar el enlace para abrir o descargar gratuitamente la reproducción digital.

Abrir o descargar gratis el cuaderno nº 10 en PDF

Explorar toda la colección histórica de Melilla

Con esta entrega se completa el recorrido por los diez fascículos de 1909. Puedes volver a cualquiera de los nueve cuadernos enlazados más arriba o consultar la colección de fotografías y documentos históricos de Melilla de 1909.

Fuentes y documentación histórica

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