Publicado originalmente en 2014. Revisado y actualizado por Alzheimer Universal en septiembre de 2026 para sustituir recomendaciones antiguas por criterios actuales de cuidados, enfermería y atención centrada en la persona.
Los cuidados de enfermería en las demencias no consisten solo en cubrir higiene, alimentación o medicación. Requieren valorar a la persona de forma integral: autonomía, cognición, movilidad, dolor, nutrición, continencia, piel, sueño, comunicación, seguridad, entorno, medicación y apoyo de quienes cuidan.
La demencia cambia con el tiempo y también deben cambiar los cuidados. Una recomendación útil en una fase puede dejar de ser adecuada más adelante. Por eso el plan de cuidados debe ser individualizado, revisable y centrado en la persona, no una lista rígida de tareas.
Principios actuales de los cuidados de enfermería en demencia
- Preservar autonomía y dignidad: ayudar solo en lo necesario y facilitar que la persona siga participando.
- Buscar causas antes de etiquetar conductas: dolor, infección, estreñimiento, miedo, hambre, sed, efectos de medicamentos o un entorno confuso pueden explicar cambios de conducta.
- Prevenir complicaciones: caídas, deshidratación, lesiones por presión, malnutrición, aspiración, delirium y efectos adversos de medicamentos.
- Coordinar cuidados: enfermería trabaja junto con medicina, fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia, nutrición, farmacia, trabajo social y la familia cuando es necesario.
- Revisar periódicamente: capacidad funcional, riesgos, síntomas, objetivos de cuidado y necesidades de apoyo cambian con la evolución.
La Organización Mundial de la Salud, mediante el enfoque ICOPE, recomienda una atención integrada y centrada en la persona que valore capacidad cognitiva, movilidad, vitalidad, visión, audición, estado psicológico, apoyo social, continencia y necesidades de las personas cuidadoras.
Valoración inicial: no atribuir todo a la demencia
Cuando una persona con demencia empeora de forma brusca, no debe asumirse automáticamente que la enfermedad ha avanzado. Confusión nueva, somnolencia, agitación, rechazo de alimentos, incontinencia reciente o pérdida de movilidad pueden aparecer por causas tratables.
- dolor;
- infección;
- deshidratación;
- estreñimiento o retención urinaria;
- efectos adversos o interacciones medicamentosas;
- problemas respiratorios;
- alteraciones del sueño;
- cambios de entorno;
- delirium.
Un cambio agudo del estado mental requiere valoración profesional. Delirium y demencia no son lo mismo: el delirium aparece de forma rápida y suele relacionarse con una causa médica o farmacológica.
Comunicación y relación terapéutica
La comunicación forma parte del cuidado clínico. Frases demasiado largas, muchas preguntas seguidas, ruido ambiental o prisas pueden aumentar la confusión.
- preséntate y explica lo que vas a hacer;
- utiliza un lenguaje claro y concreto;
- da tiempo para responder;
- evita infantilizar;
- observa gestos, expresión facial y conducta como posibles formas de comunicación;
- no confrontes innecesariamente recuerdos erróneos o creencias que no generan riesgo;
- protege intimidad y privacidad durante los cuidados.
Puedes ampliar este apartado en cómo comunicarse con una persona con Alzheimer.
Movilidad, caídas y mantenimiento de la función
La inmovilidad acelera pérdida de fuerza, dependencia y riesgo de complicaciones. Siempre que la situación clínica lo permita, conviene favorecer movilidad y participación en actividades cotidianas.
- valorar marcha, equilibrio y necesidad de ayudas técnicas;
- revisar calzado, iluminación y obstáculos;
- evitar restricciones físicas innecesarias;
- utilizar técnicas de movilización seguras para la persona y para quien cuida;
- derivar a fisioterapia o terapia ocupacional cuando proceda.
Para movilizaciones en casa, consulta también cómo movilizar a una persona encamada y realizar transferencias seguras.
Piel y prevención de lesiones por presión
La prevención actual de lesiones por presión se basa en valoración individual del riesgo, inspección de la piel, cambios de posición según necesidad, manejo de humedad y superficies adecuadas de redistribución de presión.
NICE recomienda utilizar el juicio clínico y, cuando sea útil, escalas validadas como Braden, Norton o Waterlow. Una escala apoya la valoración, pero no la sustituye.
- revisar zonas de presión y cambios de color, temperatura, humedad o consistencia;
- favorecer cambios posturales y movilidad según riesgo y tolerancia;
- utilizar colchones o cojines de redistribución de presión cuando estén indicados;
- proteger la piel de humedad e incontinencia;
- no masajear ni frotar zonas enrojecidas para prevenir úlceras;
- revisar nutrición e hidratación cuando existe riesgo.
Disponemos de una guía específica sobre prevención de escaras y lesiones por presión y otra sobre la Escala de Braden.
Higiene: cuidar sin convertir el aseo en una confrontación
El baño puede resultar confuso o invasivo para una persona con demencia. La resistencia no debe interpretarse automáticamente como falta de cooperación.
- explica cada paso;
- mantén privacidad y temperatura confortable;
- prepara antes todo el material;
- utiliza superficies antideslizantes y asientos de ducha adecuados cuando hagan falta;
- respeta hábitos previos siempre que sean seguros;
- si aparece rechazo, valora dolor, frío, miedo, cansancio o falta de reconocimiento de quien ayuda.
La higiene bucal merece atención específica: dolor dental, prótesis mal ajustadas o infecciones pueden reducir la ingesta y aumentar irritabilidad.
Continencia urinaria y fecal
La incontinencia puede aparecer durante la evolución de una demencia, pero una pérdida reciente de continencia debe valorarse porque puede relacionarse con infección, estreñimiento, movilidad reducida, medicamentos, barreras para llegar al baño u otros problemas.
- mantener acceso sencillo al baño y señalización si ayuda;
- observar patrones y horarios;
- facilitar ropa que pueda quitarse con rapidez;
- utilizar productos absorbentes adecuados cuando sean necesarios;
- proteger la piel frente a humedad y dermatitis asociada a incontinencia;
- revisar estreñimiento y posible impactación fecal si cambia el patrón intestinal.
Las sondas vesicales no deben utilizarse por comodidad o como solución rutinaria a la incontinencia. Su indicación debe responder a una necesidad clínica concreta y revisarse periódicamente. Si una persona ya lleva sonda, consulta cuidados de la sonda vesical en casa y señales de alarma.
Nutrición e hidratación: evitar reglas rígidas
No existe una cantidad fija de líquidos válida para todas las personas mayores. Las necesidades dependen de peso, alimentación, temperatura, pérdidas, función renal, insuficiencia cardiaca y otras enfermedades. Algunas personas tienen además restricciones específicas de líquidos o sodio.
En demencia avanzada pueden disminuir la sensación de sed, la capacidad para pedir agua o la atención durante las comidas. Enfermería debe observar ingesta, peso, signos de deshidratación, capacidad para comer de forma autónoma y posibles problemas de deglución.
- ofrecer alimentos y bebidas conocidos y accesibles;
- reducir distracciones durante las comidas;
- facilitar utensilios adaptados cuando ayuden;
- vigilar pérdida de peso no intencionada;
- consultar a dietética/nutrición cuando exista riesgo de malnutrición.
Disfagia: no espesar líquidos sin valoración
Tos al beber, atragantamientos, voz húmeda después de tragar, comida retenida en la boca, pérdida de peso o infecciones respiratorias repetidas pueden indicar disfagia.
Las texturas modificadas y los líquidos espesados pueden ser útiles en algunas personas, pero deben indicarse después de una valoración de la deglución y revisarse de forma individual. El Royal College of Speech and Language Therapists recuerda que hay que valorar tanto beneficios como cargas y preferencias de la persona.
La gelatina no debe utilizarse como sustituto general de un líquido espesado prescrito: algunos productos se derriten en la boca y se convierten en un líquido más fino. Tampoco existe una consistencia universal válida para todas las disfagias.
Consulta nuestra guía de disfagia orofaríngea y, si existen síntomas, solicita valoración profesional.
Sueño y cambios nocturnos
Antes de recurrir a medicación por insomnio o agitación nocturna conviene revisar dolor, necesidad de ir al baño, apnea del sueño, cafeína, siestas, actividad diurna, iluminación y medicamentos.
- mantener horarios relativamente estables;
- favorecer actividad y luz durante el día;
- reducir estímulos nocturnos;
- evitar siestas prolongadas si empeoran el sueño nocturno;
- consultar si la alteración aparece de forma brusca o se acompaña de confusión nueva.
Amplía este tema en problemas de sueño, insomnio y deterioro cognitivo.
Dolor en una persona que no puede explicarlo bien
El deterioro del lenguaje no elimina el dolor. Cuando la persona no puede describirlo con claridad, cambios como gestos, quejidos, resistencia al movimiento, alteraciones del sueño, rechazo de cuidados o agitación pueden ser pistas.
La valoración debe combinar observación, conocimiento de la conducta habitual, exploración clínica e información de familiares o cuidadores.
Medicamentos y polimedicación
Las personas mayores con demencia pueden tomar numerosos medicamentos. Mareo, somnolencia, hipotensión, estreñimiento, retención urinaria, confusión o caídas pueden estar relacionados con tratamientos o interacciones.
- mantener una lista actualizada de medicamentos;
- comprobar administración y adherencia;
- observar efectos adversos tras cambios de pauta;
- revisar periódicamente la necesidad de cada tratamiento con el equipo médico y farmacéutico;
- no triturar comprimidos ni abrir cápsulas sin confirmar que es seguro.
Puedes consultar polimedicación en personas mayores y nuestra guía sobre medicamentos y disfagia: cuándo no triturar una pastilla.
Alucinaciones, delirios y cambios de conducta
Antes de considerar un tratamiento farmacológico, hay que buscar causas clínicas y ambientales. Dolor, delirium, hambre, miedo, ruido, visión o audición deficientes y cambios de rutina pueden empeorar síntomas conductuales.
La respuesta inicial suele centrarse en seguridad, tranquilidad, comunicación y adaptación del entorno. Los antipsicóticos tienen riesgos en demencia y solo deben utilizarse en situaciones seleccionadas bajo supervisión médica.
Consulta alucinaciones y delirios en demencia para ampliar este apartado.
Educar y apoyar a la familia también es cuidado de enfermería
Una parte esencial del trabajo de enfermería es enseñar a familiares y cuidadores a reconocer riesgos, administrar cuidados con seguridad y saber cuándo pedir ayuda.
- explicar cambios esperables y señales de alarma;
- enseñar movilización, cuidado de piel, higiene y administración segura de tratamientos;
- orientar sobre recursos sanitarios y sociales;
- detectar sobrecarga del cuidador;
- favorecer decisiones compartidas y planificación anticipada cuando sea posible.
Para cuidados familiares generales, consulta cómo cuidar a una persona con Alzheimer en casa y cuidar y cuidarse al acompañar a una persona con Alzheimer.
La idea clave
Los cuidados de enfermería en demencia deben proteger función, seguridad, confort, dignidad y autonomía, además de prevenir complicaciones. Las recomendaciones no pueden ser idénticas para todas las personas ni permanecer sin cambios durante años: deben adaptarse al estado clínico, las capacidades y los objetivos de cada momento.
Fuentes de referencia
- Organización Mundial de la Salud: ICOPE, atención integrada y centrada en la persona, 2.ª edición.
- NICE NG97: Dementia — assessment, management and support.
- NICE CG179: prevención y manejo de lesiones por presión.
- Royal College of Speech and Language Therapists: thickened fluids.
Contenido divulgativo y formativo. Los cuidados concretos deben basarse en la valoración de los profesionales responsables de cada persona y en los protocolos aplicables en su entorno asistencial.
Este contenido se ofrece únicamente con fines informativos y no sustituye la consulta con un profesional sanitario. Ante cualquier duda, consulta con tu médico o especialista.
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