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Una tarde cualquiera, te das cuenta de que la persona que tienes enfrente, aunque respira y te mira, ya no es quien conociste. Esa conexión profunda se ha transformado en un laberinto de silencios y olvidos. En ese instante, tu corazón empieza a transitar el duelo anticipado en el Alzheimer: un viaje invisible que duele tanto como la muerte física, pero que carece de rituales y reconocimiento social.








