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Cuando una persona con Alzheimer acusa de robar a su pareja, a un familiar o a quien la cuida, la situación puede resultar muy dolorosa. En ocasiones, ha guardado el dinero, las llaves o una joya en otro lugar y después no recuerda haberlo hecho. En vez de discutir, conviene reconocer su preocupación, comprobar lo ocurrido y ayudarla a recuperar la calma. Sin embargo, tampoco debe darse por hecho que todas las acusaciones son falsas: si existen indicios reales, hay que investigarlos con seriedad.










