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«La demencia senil no existe» es una afirmación que puede desconcertar a muchas familias. No significa que la demencia no sea real, sino que «demencia senil» no identifica una enfermedad concreta ni explica la causa del deterioro cognitivo de una persona.

La edad aumenta el riesgo de desarrollar demencia, pero envejecer no implica necesariamente perder la memoria o la autonomía. Atribuir los síntomas únicamente a los años cumplidos puede retrasar una evaluación médica necesaria.