Tiempo estimado de lectura: 5 minutos
Seguro que has escuchado alguna vez la famosa máxima oriental: si tiene solución para que preocuparse, y si no la tiene, ¿para qué preocuparse? El día a día de quien entrega su vida a cuidar de otra persona se convierte, muy a menudo, en un laberinto de preguntas sin respuesta y en una fuente constante de ansiedad por el futuro. Nos asaltan dudas desgarradoras a cada hora: «¿Qué pasará mañana?», «¿Podré soportar la carga?», «¿Lo estaré haciendo bien?».












