Seguro que has escuchado alguna vez la famosa máxima oriental: si tiene solución para que preocuparse, y si no la tiene, ¿para qué preocuparse? El día a día de quien entrega su vida a cuidar de otra persona se convierte, muy a menudo, en un laberinto de preguntas sin respuesta y en una fuente constante de ansiedad por el futuro. Nos asaltan dudas desgarradoras a cada hora: «¿Qué pasará mañana?», «¿Podré soportar la carga?», «¿Lo estaré haciendo bien?».
Sin embargo, existe un antiguo axioma budista de Shantideva que encierra el secreto definitivo para transformar ese sufrimiento mental en una calma profunda. Cuando la mente se satura por las responsabilidades diarias, recordar este principio nos devuelve el eje de manera inmediata.