¿ Ambigüedad en tu papel como cuidador ?
Es habitual que a consecuencia del cuidado y del desempeño del papel de cuidador principal sobrevengan una serie de sentimientos paradójicos a nivel emocional.
Cuidamos de nuestros enfermos, pero, ¿quién cuida de nosotros?
Cuidar al Cuidador (Y al cuidador, ¿quién lo cuida?)» es una iniciativa crucial que reconoce la importancia y los desafíos que enfrentan las personas que cuidan a otros. Este enfoque se centra en proporcionar apoyo, recursos y estrategias para mejorar el bienestar físico, emocional y social de los cuidadores.
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Es habitual que a consecuencia del cuidado y del desempeño del papel de cuidador principal sobrevengan una serie de sentimientos paradójicos a nivel emocional.
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La sobrecarga del cuidador es una realidad frecuente cuando el cuidado de una persona con Alzheimer se prolonga en el tiempo. Aunque atender a un ser querido puede ser una experiencia gratificante, también exige un gran esfuerzo físico, mental y social, y puede dar lugar a importantes reacciones de estrés y agotamiento.
Llegada a las últimas etapas de la enfermedad de Alzheimer, los enfermos continúan perdiendo su función mental, y comienza a afectarse la capacidad funcional y física de modo significativo.
Conflictos en el Cuidado del Enfermo El cuidado extendido en el tiempo de un familiar enfermo de Alzheimer puede desencadenar inevitables conflictos en el ámbito familiar. En el hogar y el entramado de relaciones interpersonales junto al nuevo rol que cada figura del núcleo familiar ha de desempeñar, acontecen numerosas situaciones de desacuerdo. La tarea …
Lindor Ausonia, perteneciente a la multinacional Procter & Gamble, y la Sociedad de Geriatría y Gerontología de España han editado un interesante manual y hoy queremos compartirlo con todos vosotros.
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A medida que avanza el envejecimiento y con la probable ocurrencia en el anciano de enfermedades neurodegenerativas y musculoesqueléticas son frecuentes las caídas.
En el propio proceso de envejecimiento se producen cambios en la agudeza visual, enlentecimiento, atrofia, artrosis y cambios propioceptivos que favorecen posibles caídas.
Ante el duro diagnóstico de Alzheimer en alguno de nuestros familiares, pretendemos, ante todo, conservar su integridad y su dignidad. Fruto de nuestro amor por ellos, tratamos de hacer todo lo que esté en nuestras manos para contribuir a mejorar la calidad de vida de nuestro familiar.

Este proceso puede sobrepasarnos y generarnos estrés, aumentando así las posibilidades de que aparezca el síndrome de Burnout. Especialmente, si nos encontramos solos ante este nuevo desafío que nos propone la vida. En algunos casos porque nos enfrascamos en la idea de que podemos hacerlo sin ayuda. Sin embargo, tomar esta decisión es uno de los mayores errores que, como cuidadores, podemos cometer.
Cuando nos encontramos ayudando a otras personas, ya sean familiares, como de manera profesional con «desconocidos», estamos sintiendo compasión pero nos sentimos mal, es que algo está fallando.
La síntomatología que pueden presentar quienes ayudan a los demás suele pasar a veces inadvertida, éstos pueden variar desde problemas psicológicos como la disociación, la ira, la ansiedad, trastornos del sueño, pesadillas, sensación de impotencia, síntomas físicos tales como náuseas, dolores de cabeza, constricción general, cambios de temperatura corporal, mareos, desmayos y problemas de audición.
Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación,
nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.
Víctor Frankl.
Una vez finalizado el proceso del cuidado del enfermo de Alzheimer (con el fallecimiento del familiar), muchos cuidadores intentan prolongar y reflejar en su nueva vida la experiencia del cuidado. Una vez desaparecido el estrés y la carga financiera, aumentan los sentimientos de culpa. Estos sentimientos de culpa afloran al experimentar una sensación de alivio que aparece con la muerte del familiar.
En un principio, el cuidador debe lidiar con la aflicción y la consecuencia del duelo complicado, de secuelas fatales para su bienestar, con la difícil y tardía recuperación –en algunos casos – y los sentimientos ambivalentes.
Muchos trabajos existen sobre la fatiga o el agotamiento compasivo entre médicos y enfermeras y familiares. Las cuidadoras, mujeres casi siempre, quedan un tanto al margen.
Informe de los resultados de la encuesta sobre fatiga de compasión realizada entre personal de residencias y centros de día: cuidadoras y auxiliares, exclusivamente.
Gustavo Ruiz Llavero
www.fnyop.es

Asumir que un ser querido está padeciendo la enfermedad de alzhéimer puede resultar algo estremecedor, angustioso y estresante. Es importante que a medida en que el cuidador empiece a analizar la situación, tenga en cuenta las siguientes sugerencias que le pueden ser de gran ayuda, ya que cuidar a una persona con alzhéimer equivale a asumir grandes costos financieros y desgastes físicos y emocionales:
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