Prevenir caídas en una persona con Alzheimer o demencia exige mirar más allá de una alfombra o un escalón. El riesgo suele depender de varios factores a la vez: equilibrio y fuerza, visión, calzado, medicamentos, urgencia para ir al baño, confusión, iluminación y obstáculos del entorno.

La Organización Mundial de la Salud señala que en las personas mayores influyen especialmente los problemas de movilidad, cognición y visión, los efectos adversos de medicamentos y los entornos poco seguros. Por eso, después de una caída o cuando alguien empieza a tropezar con frecuencia, conviene buscar qué factores pueden modificarse en lugar de asumir que “es por la edad” o “es por el Alzheimer”.






